miércoles, 6 de julio de 2011

Ciruelas de Sant Joan.


Hace ya casi un mes mi amigo Gabriel me regaló un  buen puñado de estas ciruelas típicas del mes de Junio en Mallorca. Dulces, maduras y en su mejor momento. Los niños (y yo) disfrutamos robándole al árbol los frutos subidos en escaleras y cajones de madera.
Con las que quedaron, después del festival que nos pegamos mi hijo y yo de camino a casa engulléndolas de dos en dos y de tres en tres, hice un sorbete. Agua, azúcar, chorrito de zumo de limón y las ciruelas chafadas con la mitad de su piel.
No tengo ni idea de biología, pero intuyo que la piel ácida de esta fruta, en claro contraste con su dulce pulpa, es así para evitar el picoteo de aves e insectos, como debe ocurrir en otras frutas. Pues bien, el hecho de haber dejado la mitad de las pieles de las ciruelas en el sorbete le ha dado ese toque mágico y especial que nos recuerda al verdadero fruto cada vez que probamos una cucharada del mismo. No conozco a nadie que pele las ciruelas para comérselas, entonces porqué hacerlo para elaborar el sorbete.
Un precioso color, un sabor muy especial y un alimento muy sano para el verano.
Le debo a Gabriel un "tupper" de este sorbete. Un día de estos se lo llevaré. Prometido.

El botín.

martes, 21 de junio de 2011

Estudio sobre las marcas de leche.

La noticia aparecida en "El Mundo".
El cuadro informativo. (A ver lo que dura gratis).
La WEB de la OCU.

martes, 7 de junio de 2011

martes, 17 de mayo de 2011

Es el momento de la Coca (Mallorquina).


Si alguien alguna vez pensó que era tarea imposible que la selección española de fútbol ganara un mundial -dios sabe las pruebas de fe que nos pusieron Arconadas y árbitros egipcios- ahora estará viviendo una alegría tremenda, a la vez que tendrá claro que por muy difícil que parezca una empresa, con esfuerzo, dedicación, profesionalidad y empeño se puede conseguir.
Pues bien; es la hora de desbancar mundialmente a la comida italiana del primer puesto y sustituirla por la española.
No soplen, no suspiren, no piensen que es imposible, sólo hace falta inteligencia y un buen plan. Y yo lo tengo.
Sin duda habrá que comenzar nuestra hazaña por los Estados Unidos de América. Desde que conquistamos América no hemos vuelto nunca a poner una pica en Flandes allí. Lo hispano ha sido siempre de segunda, caché de inmigrante ilegal que vive de las propinas de los restaurantes o del servicio doméstico. Nada peligroso ni nada a tener en cuenta. En cambio los italianos, aprovechando flaquezas del sistema -la ley seca por ejemplo-, supieron pisar firme, con elegancia, personalidad y alegría y supieron cómo llenar las calles de Norteamérica de pizzas, pasta y lasañas, sin olvidarnos de sus vinos de medio pelo y sus manteles a cuadros. No podemos más que alabar esta épica labor y quitarnos el sombrero ante tan magna campaña de márquetin llevada a cabo por nuestros vecinos mediterráneos que supieron cómo universalizar su Italia y adaptarla a los paladares, estéticas y formas norteamericanas.
Tuvimos nuestra primera oportunidad en 1.992. La Expo, los Juegos Olímpicos, la moda española y Almodóvar llenaban de afiches y banderolas las calles de Los Ángeles. En Rodeo Drive lucían los modelos de media costura españoles en los mejores escaparates, nuestras actrices asombraban con sus estrafalarios vestidos en las galas cinematográficas, nuestro príncipe, con sus inseparables infantas, estaban de turné interminable por esas tierras exhibiendo juventud y deporte a partes iguales. Pero de comida ni papa. Lo máximo que se había conseguido hasta la fecha era esa infame paella cocinada por nuestra Anita Obregón a un perplejo Spilberg que se frotaba las manos pensando en lo bien que se trabajan los papeles los actores españoles. Nuestra Ana sacó un papelillo en la serie del "Equipo A"; de la paella nunca más se supo.
En la tierra de las oportunidades quien deja escapar una puesta en bandeja como la que tuvimos los españoles en el ´92 lo paga muy caro. Ni siquiera pudimos colocar la tortilla de patata en los bares de segunda fila de Manhattan, ni el Rioja, ni el pan´tomaca. Desolador.
Ahora ha cambiado todo. En New York se vuelve a hablar español, pero esta vez en los restaurantes, galerías de arte y oficinas inmobiliarias, nuestro "Tempranillo" -dígase con el acento texano genuino- va de copa en copa, el cocinero José Andrés es nombrado el mejor cocinero americano de este año, lo español vuelve a vender. Pero ojo, no nos durmamos en los laureles -ni en los oréganos-, todo lo conseguido hasta la fecha -engaños "made in" Adrià también- puede ser la puntilla que nos desterrará para siempre de poder colocar a nuestra comida donde se merece sino somo capaces de que Iniesta meta el gol. Nunca conquistaremos el mundo con la paella, ni con los callos a la madrileña, ni siquiera con las lentejas estofadas; platos todos muy buenos y de mucha tradición patria, pero dificilísimos de cocinar, comer y explicar además de fáciles de estropear en manos de cocineros no experimentados como son los estadounidenses. Allí la gente come mal, rápido, en cualquier lugar, a cualquier hora, riega sus comidas con bebidas gaseosas de sabor más fuerte que el Red Bull y tienen los paladares totalmente deshubicados y desmemoriados por culpa de la multiculturalidad de las grandes capitales. Unas buenas lentejas no pegan con todo eso.
Pero, y ahora viene mi plan, debemos aprovechar la cruzada de Mrs. Obama contra la obesidad y las calorías de sobra que cada día ingieren de más los yankees. Debemos aprovechar también que la selección española de fútbol será recibida por su marido en el mes de Junio. Debemos aprovechar el tirón de José de Andrés. Y, por supuesto, debemos aprovechar nuestra sana, fácil, sabrosa y concreta cocina mediterránea -iba a escribir mallorquina, pero si lo hago no siguen ustedes leyendo-.
La Coca Mallorquina está llamada a desbancar a la pizza. Su origen es el mismo, la facilidad con la que se cocina también, su versatilidad es infinita, sus presentaciones interminables, la combinación de alimentos que soporta es abismal. Pero es sana. Quitándose el peso calórico del queso, el peperoni (chorizo) y la salsa de tomate, es un plato bajo en calorías y colesterol. Se puede comer en Central Park, en el metro, viendo a los Lakers y de menú en un colegio pijo de Beverly Hills preocupado con la alimentación de sus alumnos. La perfecta combinación de trigo, aceite de oliva, vegetales, algo de carne o pescado si se quiere y hierbas aromáticas es tan simple y sabrosa a la vez que ningún paladar, por muy viajado que esté, se resistirá a sus encantos. Si se dejan caer unas anchoas, aceitunas, trocitos de lomo adobado, atún o jamón serrano sobre ella combinará perfectamente hasta con un Dr. Pepper. La Coca de Pimientos Rojos, por ejemplo, con lomo de cerdo adobado, con ese punto de dulzor será irresistible para los paladares demasiado acostubrados a los azúcares en sus comidas.
Ya lo estoy viendo. Todos los americanos con sus bandejitas de cartón rectangulares, mordiendo una etérea Coca de Trampó aliñada con un chorrito de aceite virgen de Jaén, sentados en el parque, sobre el césped, hablando de los Lakers y discutiendo si la tortilla de patatas es mejor con o sin cebolla.
Luego vendrán los Cocarrois, las Empanadas, los Robiols,... todo muy manejable, muy transportable y muy sano. Pero eso ya sería otra historia.
¿Algún voluntario para tan magna tarea?


Gracias a SARA por su maravillosa foto.

martes, 3 de mayo de 2011

sábado, 23 de abril de 2011

Amigos que cocinan. Magdalena.

Un verdadero regalo.

Un regalo inesperado es siempre agradable; si dicho presente es además auténtico, casero y sabroso entonces ya es una bendición.
En este tiempo de pascua, donde las tradiciones gastronómicas imperan en toda la isla, recibir una variedad de todas estas preparaciones es algo impagable y de agradecer. Por eso nunca me cansaré de dar las gracias a mi secreta lectora Magdalena por esta gran bandeja de “Panades, Robiols” y otras especialidades mallorquinas típicas de pascua que me hizo llegar a través de mi hermana.
Es Magdalena una maestra en el arte de la pastelería diaria y tradicional mallorquina. Desde el horno de “Can Guasp”, en Llucmajor, amasa con maestría, dedicación y delicadeza todas estas especialidades que tan acostumbramos estamos en Mallorca pero que, al pasar por unas manos expertas como las de Magdalena, se convierten en obra de arte y en todo un acontecimiento para los sentidos. Empanades, Cocarrois, Ensaïmades, Crespells y otras pastas no tienen secretos para Magdalena -o sí, pero no sería yo capaz de intentar averiguarlos-. Supongo que será una combinación de buenos ingredientes, años de experiencia y manos expertas; eso debe ser lo más importante: las manos de Magdalena que, con el paso de los años, han conseguido esa perfección a la hora de juntarlo todo y hacernos disfrutar con algo tan habitual como es una Ensaïmada en Mallorca.
Tengo un amigo cheff que siempre me dice que lo difícil en un restaurante es triunfar haciendo paellas o pescado a la plancha ya que estás compitiendo directamente con las amas de casa y con los años que ellas se han dedicado a educar los paladares de su familia. “Lo fácil es hacer esas mariconadas que nadie ha probado nunca -me suele decir este cocinero-, porque no tienen con qué compararlas. Encambio todo el mundo puede comparar una paella con otra que haya comido alguna vez”.
Eso es precisamente el secreto y la excelencia de las pastas que prepara Magdalena; al morder una de sus Empanadas de pescado o uno de sus Cocarrois entendemos desde el primer bocado la perfección y la sutileza con la que están preparados. Me alegró que algo tan común en Mallorca como son este tipo de pastas todavía me pudieran sorprender gratamente, hacerme cerrar los ojos, exclamar un sonoro ¡Mmmmmmmm! y comprobar que con gente como ella nuestra tradición –y nuestro sabor- están a salvo.
Gracias Magdalena.
Forn de Ca´n Guasp.
Plaça de Espanya.
Llucmajor. Mallorca.
Tel: 971 660 101



lunes, 18 de abril de 2011

Steak a la pimienta.


Hubo un tiempo no muy lejano en el que se peleó y discutió agriamente por la autoría de esta receta. Mucho antes de que pasara a ser plato imprescindible en bodas y celebraciones dominicales; mucho antes de que fuera regado con nata y Bovril, este bistec fue un gran hallazgo.
Los americanos dispersos por Europa y sus cócteles fueron los responsables de la invención de este "destrozapaladares". Más de tres personas en cuestión de meses reclamaron la autoría. El primero fue Emile Lerch, del "Restaurant Albert" en París, en un artículo publicado en 1.950 en el que afirmaba que, desde 1.930, recibía en su local una carne de ternera que, debido al proceso de congelación, resultaba muy suave pero insípida. En los años 30 los americanos no dejaban sus cócteles desde que pisaban suelo europeo, por lo que el cheff se vio obligado a introducir platos en su carta para este tipo de paladares adormilados por el alcohol y por otras sustancias de esos locos años de entreguerras. Un bistec suave con grandes dosis de pimienta fue perfecto.
Cuando Pierre Tassard, jefe salsero del restaurante "Maxim´s" también de París, leyó este artículo, enfureció y publicó otro reclamando también la autoría del plato en cuestión. En esta ocasión se decía que esta preparación era más antigua, de 1.920, y también creada expresamente para paladares anglosajones, no dormidos por el alcohol, sino insensibles a la delicadeza de la cocina francesa.
Podríamos continuar hasta el infinito, pero sería perder el tiempo. Nos quedamos con cualquiera de estas dos explicaciones ya que ambas están relacionadas con la -poca- cultura gastronómica y culinaria de los visitantes ingleses y americanos por tierras francesas. Gentes que hacían gala de su amor por el alcohol y por los cócteles y que, como dijo una actriz de Hollywood, con la aceituna del Martini ya tenían suficiente para cenar.
Al que realmente me gustaría encontrar sería al inventor de la versión española de esta receta; sí, ese que le añadió la nata y el Avecrem además de rebajar la cantidad y calidad de la pimienta utilizada. Localizarle para llevarle ante un tribunal gastronómico mundial y que pagara por el gran pecado de haber insensibilizado el paladar de tantos españoles que se creían muy elegantes por pedir en un domingo cualquiera un entrecot a la pimienta y dejar boquiabiertos a todos los familiares presentes. Seguro que este inventor criminal fue el mismo que perpetró aquello del bistec al roquefort. Pero eso ya es otra historia.
No soy amigo de recetar nada. No soy médico ni amante del Copia-Pega tan habitual en los blogs gastronómicos; que cada cual busque su receta. Tan sólo un par de cosas que considero indispensable a la hora de realizar este plato:
-La pimienta va a gustos: negra rota en grandes trozos, roja entera, verde fresca machacada, etc.
-Imprescindible la mantequilla para saltear la pimienta.
-Utilizar el jugo que suelta la carne si lo cocinamos todo en la misma sartén.
-Armañac, Coñac o Brandi para flambear la pimienta.
-Utilizar una carne tierna y hacerla al punto que más nos guste.
-Una vez cocinada la carne sacarla de la sartén y rectificar de mantequilla, pimienta y sal la salsa.

sábado, 2 de abril de 2011

Como en casa... en ningún sitio.


"Chuleta" de Bonito y verduras agridulces.
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