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domingo, 27 de febrero de 2011

Calçotada. (Tercera y última... espero).


Sarmientos como mandan los cánones. No he visto leña con tanta capacidad calórica como esta. Dura no más de tres minutos, pero su calor es muy intenso.

Ale hop!!! Virutas felices de "caliu" (rescoldos).

Vigilando el material.

Chuletones. No sólo de cebollas vive el hombre.


"Sin guantes" -me advirtieron- "Aquí no somos tan finos".

Y digo que espero sea la última porque desde que a principios de febrero hicimos la primera, hemos repetido en dos ocasiones. Mi estómago no aguanta más cebollas. Comerse más de quince de una sentada no tiene que ser sano. De hecho no lo es; doy fe ya que he consumido un bote de "Eno" este último mes.
Me despido hasta el año que viene con la tristeza de reconocerme cuarentón y de estómago débil.

(Por cierto: el I-Phone hace unas fotos de mierda; añoro mi Sony Satio.)

martes, 8 de febrero de 2011

Calçotada.


¿Aceptamos ya la "Calçotada" como comida global? ¿La ponemos a la altura de la paella o de la tortilla de patatas? O por contra, ¿lo añadimos a la larga lista de colonizaciones catalanas en Mallorca? No lo sé, ni me importa. Lo que tengo claro es que cada año, desde hace unos quince, hacemos una y nos encanta.
Unos 12 a.C. (antes de la Crisis) nos permitíamos el lujo de ir al restaurante "Ses Coves" de Génova, pero su precio y nuestro bolsillo han tomado caminos opuestos y tuvimos que dejarlo. Fue ese un momento delicado en el que Bibi y Tina se pusieron al frente de tan ardua tarea y consiguieron organizar una Calçotada casera, barata y riquísima. Bibi a las brasas y Tina con la salsa nos han hecho disfrutar estos últimos años (d.C.) de los mismos sabores que antes nos costaban un buen dinero.
Son los Calçots cebollas (Blanca Gran Tardana de Lleida) que se mantienen más tiempo del habitual plantadas y abrigadas de tierra hasta casi el final de su tallo (calzadas) para que así sufran una especie de maduración-fermentación que les proporciona un estupendo sabor dulce y les hace olvidar casi por completo el azufre que tanto nos hace llorar. Se colocan sobre las llamas vivas y largas de leña fina o sarmientos y se queman por fuera hasta que dejan asomar una espumilla fina y espesa que indica que están en su punto. Luego, envueltas en periódico, se esperan unos quince minutos para luego pelarlas, quitando la parte quemada, y comerlas previamente mojadas en la típica salsa Salvitxada (una especie de Romescu compuesta por tomates y ajos al horno, vinagre, almendras, avellanas, ñoras y otros secretos que sólo Tina sabe).
Como siempre en estos casos hay leyenda por en medio: cuenta que a un pastor despistado y hambriento, después de quemar su comida compuesta de carne y cebollas a la brasa, se le ocurrió "pelar" las cebollas y comerse el interior blanco, calentito y perfectamente cocinado. Todo lo demás ya es historia.
Guantes de látex y babero son necesarios si no hay confianza o si, como es nuestro caso, tenemos que ir cocinando mientras comemos.
Catalana, globalizada o universal, nos parece que una buena Calçotada al año es imprescindible ya que une y da placer como la mejor de las paellas o "torrades".

El Botín: 200 Calçots, 12 personas: salen las cuentas.

No sólo de cebollas vive el hombre.

Casi en su punto.



Ensaïmada de "Tallades" típica de Carnaval.
Algo mallorquín, please!






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