sábado, 24 de septiembre de 2011

Entrevista a María Solivellas de Ca Na Toneta.


María me recibe en su restaurante, es agosto y en Caimari (Mallorca) hace mucho calor; salimos al patio y me enseña orgullosa las pinturas de Albert Pinya: “Mira, es la bestia, Monsanto (multinacional estadounidense agroalimentaria), y al lado la tradición que le corta un brazo”, mientras se disculpa por el desorden ya que esa misma mañana han venido a intentar limpiar la parra que corona toda la terraza. “Esta es la cabrona que le está haciendo daño”; me dice mientras me enseña un bichito negro y pequeño; “Es una pena porque estamos a punto de recoger la uva.”
Luego, ya dentro del restaurante, nos sentamos en una de las desnudas mesas y comenzamos a hablar de todo un poco.
Me cuenta, orgullosa, que cumplen casi a rajatabla la regla de Kilómetro Cero en sus compras: “Menos azúcar, cacao, café y alguna bebida con gas, el resto es todo de por aquí cerca” y además también se abastecen de su propio huerto.
Es Ca Na Toneta un restaurante muy especial en todos los sentidos, de ello se encargan ella y Teresa, su hermana, trabajando duro desde hace quince años. María se siente muy orgullosa de sus “Cocas” que nunca faltan de aperitivo en su menú degustación –única opción posible para cenar en el restaurante- y que atesoran un gran secreto en su masa, quizás heredado de su madre o de su tía, las dos pioneras en el negocio.
Cuenta la leyenda que dos hermanas después de leer el libro de Laura Esquivel “Como agua para chocolate” pensaron en hacer algo parecido a lo que se cuenta en la novela y se embarcaron en una aventura que les llevó a abrir una casa de comidas en el centro de Caimari. Años más tarde, María, la hija de una de ellas, harta de una vida poco creativa y rodeada de creación –era productora teatral- decidió tomarse un descanso en su isla natal y echar una mano en la cocina; hasta que el 10 de setiembre de 2.001 recibió la confirmación para un nuevo trabajo en Nueva York. Lo que ocurrió al día siguiente en aquella ciudad fue la señal que María estaba esperando: se quedaría en Caimari y sería la cocinera de Ca Na Toneta. Nuca ha trabajado en otro restaurante y todo lo que sabe lo aprendió en su cocina; debe ser esa una de las razones que lo hace tan especial.

La primera directa a la yugular: ¿El ecologismo es ir a favor o en contra?
Es totalmente a favor. La ecología es sentido común y actuar en positivo; tomar conciencia de las consecuencias que tienen tus actos.

¿Hasta dónde hay que llegar para que un restaurante se considere ecológico? ¿Incluso los manteles deberían ser de confección artesanal?
Es muy complicado y yo no llamo a mi restaurante “ecológico” precisamente por eso. Si fuera cien por cien ecológico tendría que ir a comprar con la burra. Lo que sería incoherente es que tuviera manteles de plástico.

"Sólo los ricos pueden comer buenos alimentos". Defiéndame usted lo contrario.
Sólo la gente que respeta el alimento puede comer bien. No es una cuestión de dinero; es una cuestión de tiempo y reverencia.

¿Cree usted que sus clientes entienden la titánica tarea que está usted haciendo? Resumir eso en tres platos es mucho resumir.
Sí. La gente percibe que lo que estamos dándole es tremendamente honesto; quizás no se hagan cargo de todo el trabajo que hay detrás y de que nuestra forma de cocinar implique el doble de tiempo pero nuestro cliente no es tonto y sabe de la honestidad de nuestro trabajo.

¿De verdad a un paladar infantil le cuela usted su "Brownie de Algarroba"?
Se lo creen por completo. Les parece chocolate.

Defíname su restaurante.
(…) No sé… Yo soy una intérprete del territorio y aquí el comensal se da cuenta que está comiéndose un pedacito de Mallorca

"Cambio chalet con piscina por chalet con huerto". ¿Le parece comercial este anuncio? ¿Tendría éxito en alguna inmobiliaria pija?
No. Lo que tendría éxito sería un chalet con huerto y piscina. Mucho más “in”.

¿No es el mejor Tai-Chi o Pilates o Relajación un pequeño huerto en casa?
La verdad que sí. Se trabaja con el cuerpo, la mente y el espíritu y además es productivo y te da placer.

Ahora una provocación: "Cuando la mujer se incorporó a la vida laboral se perdió la tradición gastronómica".
Realmente la pérdida de la tradición gastronómica la produjo el cambio de modelo agroalimentario; el cambio de la agricultura tradicional al “agrobussiness” nos ha llevado a la insipidez total.


"Cambio cheff por tomates frescos". ¿Por qué le dieron tanta caña a Santi Santamaría desde Slow food?
Me gustó mucho el debate que se abrió con aquel libro; quizás Santamaría no era la persona más indicada para hacerlo ya que tampoco él estaba tan limpio, pero se creó un diálogo muy interesante. Alomejor le faltó un puntito de humildad.

El proyecto de Slow Food sobre el paladar y el gusto en los niños es muy interesante; ellos son el futuro. ¿Qué avances han hecho? ¿Tiene remedio el actual panorama?
La educación del gusto les dará criterio, que es la pieza clave. Pero en Slow Food somos hormiguitas y el monstruo es grande y no sé si llegaremos a conseguir algo importante. En el fondo los niños donde tienen que aprender los hábitos es en casa, ese debería ser su modelo a seguir, y vemos que es todo lo contrario; ¡basta ver lo que compran las familias en el supermercado!


¿Cambió el petróleo definitivamente la historia de la humanidad y la del planeta tierra?
(…) Hombre... No. No fue el petróleo, sino que fuimos nosotros los humanos. La avaricia. El petróleo hubiera sido una gran herramienta si la hubiéramos utilizado bien.

Tengo habituales pesadillas por culpa del libro “Lo que hay que tragar” de Gustavo Duch (Ed. Los Libros del Lince) después de leer cosas como esta:
“Para producir 1 Kg. de carne vacuna se necesitan 7 litros de petróleo y para producir 1 Kg. de pollo, 3.000 litros de agua.” ¿Cómo hacemos para que esta información llegue a la opinión pública?
La industria agroalimentaria es muy perversa. El “agrobussiness” es la perversión máxima. Están consiguiendo el control total del alimento mundial y eso es la atrocidad más grande.
Ante esta desinformación cada uno debe rascar, investigar y ver a quién está apoyando con sus compras diarias; el sistema no va a cambiar, pero nosotros podemos hacerlo a nivel individual.

Segun el "Happy Planet Index" de Nic Marks (New Economics Foundation) Costa Rica es el país mejor para vivir; ¿Dónde se retiraría usted en Mallorca o en Costa Rica?
Nosotros no tendremos el privilegio de retirarnos; trabajaremos hasta los noventa.
De todas formas, si pudiera hacerlo, me retiraría en Brasil.
Costa Rica y Mallorca me parecen un poco aburridos.

¿Es el turismo el causante de todos nuestros males en Mallorca?
No. Es otra vez la avaricia, en este caso mezclada con la falta de respeto a nuestro territorio. El turismo ha estado mal planteado desde un principio, ha sido como un monocultivo y todos los monocultivos son malos, diversificar hubiera sido más inteligente. Pero el turismo en sí no es malo; bien planteado puede ser estupendo.


Me acabo de convertir en una bruja mala y estoy a punto de lanzarle un maleficio. Sólo puede escoger una opción para el resto de su vida: comer bien o respetar el planeta.
Comer bien. Para comer bien debes respetar el planeta.


¿Me he dejado algo en el tintero?
No. Aunque podría decir mil cosas más.



Y de hecho las dijo. Después estuvimos hablando más de una hora sobre comida, industria, ganadería y productos alimentarios. Palabras como “honestidad”, “soberanía alimentaria”,  esquizofrenia económica”, “pérdida de biodiversidad alimentaria” y “atrofia vital” sobrevolaron el vacío restaurante rebotando en las paredes como pequeños perdigones que nada pueden hacer contra “el gran monstruo” Monsanto. Eran conceptos dichos desde la serenidad y a la vez desde el cabreo más intenso; la preocupación por los niños, por la desinformación del consumidor, por la pérdida de identidad en la alimentación fueron cayendo como losas y sumiéndonos en una progresiva depresión que sólo ella supo sacarnos y remontar el vuelo con una esperanza ciega en la sociedad, en el consumidor, en el cliente y en la cocina. “Para que mi profesión de cocinera tenga sentido debe tener una parte social” fueron sus palabras con las que terminamos el encuentro; palabras que resumen la implicación y la clara vocación de una gran cocinera.

En verano, abierto todas las noches desde las 20:30.
Sólo Menú Degustación.
C/ Horitzó, 21. Caimari. Mallorca.
Tel: 971 51 52 26.

PUBLICADO EN LA REVISTA RUM DE SETIEMBRE DE 2.011.

sábado, 27 de agosto de 2011

Como en casa... en ningún sitio.

Pasta Frutti di Mare...
Qué coño:
Tiburones con Pescado y Marisco.


jueves, 21 de julio de 2011

Como en casa... en ningún sitio.

Rissotto para Albertito.
(Con lomo y panceta).



miércoles, 6 de julio de 2011

Ciruelas de Sant Joan.


Hace ya casi un mes mi amigo Gabriel me regaló un  buen puñado de estas ciruelas típicas del mes de Junio en Mallorca. Dulces, maduras y en su mejor momento. Los niños (y yo) disfrutamos robándole al árbol los frutos subidos en escaleras y cajones de madera.
Con las que quedaron, después del festival que nos pegamos mi hijo y yo de camino a casa engulléndolas de dos en dos y de tres en tres, hice un sorbete. Agua, azúcar, chorrito de zumo de limón y las ciruelas chafadas con la mitad de su piel.
No tengo ni idea de biología, pero intuyo que la piel ácida de esta fruta, en claro contraste con su dulce pulpa, es así para evitar el picoteo de aves e insectos, como debe ocurrir en otras frutas. Pues bien, el hecho de haber dejado la mitad de las pieles de las ciruelas en el sorbete le ha dado ese toque mágico y especial que nos recuerda al verdadero fruto cada vez que probamos una cucharada del mismo. No conozco a nadie que pele las ciruelas para comérselas, entonces porqué hacerlo para elaborar el sorbete.
Un precioso color, un sabor muy especial y un alimento muy sano para el verano.
Le debo a Gabriel un "tupper" de este sorbete. Un día de estos se lo llevaré. Prometido.

El botín.

martes, 21 de junio de 2011

Estudio sobre las marcas de leche.

La noticia aparecida en "El Mundo".
El cuadro informativo. (A ver lo que dura gratis).
La WEB de la OCU.

martes, 7 de junio de 2011

martes, 17 de mayo de 2011

Es el momento de la Coca (Mallorquina).


Si alguien alguna vez pensó que era tarea imposible que la selección española de fútbol ganara un mundial -dios sabe las pruebas de fe que nos pusieron Arconadas y árbitros egipcios- ahora estará viviendo una alegría tremenda, a la vez que tendrá claro que por muy difícil que parezca una empresa, con esfuerzo, dedicación, profesionalidad y empeño se puede conseguir.
Pues bien; es la hora de desbancar mundialmente a la comida italiana del primer puesto y sustituirla por la española.
No soplen, no suspiren, no piensen que es imposible, sólo hace falta inteligencia y un buen plan. Y yo lo tengo.
Sin duda habrá que comenzar nuestra hazaña por los Estados Unidos de América. Desde que conquistamos América no hemos vuelto nunca a poner una pica en Flandes allí. Lo hispano ha sido siempre de segunda, caché de inmigrante ilegal que vive de las propinas de los restaurantes o del servicio doméstico. Nada peligroso ni nada a tener en cuenta. En cambio los italianos, aprovechando flaquezas del sistema -la ley seca por ejemplo-, supieron pisar firme, con elegancia, personalidad y alegría y supieron cómo llenar las calles de Norteamérica de pizzas, pasta y lasañas, sin olvidarnos de sus vinos de medio pelo y sus manteles a cuadros. No podemos más que alabar esta épica labor y quitarnos el sombrero ante tan magna campaña de márquetin llevada a cabo por nuestros vecinos mediterráneos que supieron cómo universalizar su Italia y adaptarla a los paladares, estéticas y formas norteamericanas.
Tuvimos nuestra primera oportunidad en 1.992. La Expo, los Juegos Olímpicos, la moda española y Almodóvar llenaban de afiches y banderolas las calles de Los Ángeles. En Rodeo Drive lucían los modelos de media costura españoles en los mejores escaparates, nuestras actrices asombraban con sus estrafalarios vestidos en las galas cinematográficas, nuestro príncipe, con sus inseparables infantas, estaban de turné interminable por esas tierras exhibiendo juventud y deporte a partes iguales. Pero de comida ni papa. Lo máximo que se había conseguido hasta la fecha era esa infame paella cocinada por nuestra Anita Obregón a un perplejo Spilberg que se frotaba las manos pensando en lo bien que se trabajan los papeles los actores españoles. Nuestra Ana sacó un papelillo en la serie del "Equipo A"; de la paella nunca más se supo.
En la tierra de las oportunidades quien deja escapar una puesta en bandeja como la que tuvimos los españoles en el ´92 lo paga muy caro. Ni siquiera pudimos colocar la tortilla de patata en los bares de segunda fila de Manhattan, ni el Rioja, ni el pan´tomaca. Desolador.
Ahora ha cambiado todo. En New York se vuelve a hablar español, pero esta vez en los restaurantes, galerías de arte y oficinas inmobiliarias, nuestro "Tempranillo" -dígase con el acento texano genuino- va de copa en copa, el cocinero José Andrés es nombrado el mejor cocinero americano de este año, lo español vuelve a vender. Pero ojo, no nos durmamos en los laureles -ni en los oréganos-, todo lo conseguido hasta la fecha -engaños "made in" Adrià también- puede ser la puntilla que nos desterrará para siempre de poder colocar a nuestra comida donde se merece sino somo capaces de que Iniesta meta el gol. Nunca conquistaremos el mundo con la paella, ni con los callos a la madrileña, ni siquiera con las lentejas estofadas; platos todos muy buenos y de mucha tradición patria, pero dificilísimos de cocinar, comer y explicar además de fáciles de estropear en manos de cocineros no experimentados como son los estadounidenses. Allí la gente come mal, rápido, en cualquier lugar, a cualquier hora, riega sus comidas con bebidas gaseosas de sabor más fuerte que el Red Bull y tienen los paladares totalmente deshubicados y desmemoriados por culpa de la multiculturalidad de las grandes capitales. Unas buenas lentejas no pegan con todo eso.
Pero, y ahora viene mi plan, debemos aprovechar la cruzada de Mrs. Obama contra la obesidad y las calorías de sobra que cada día ingieren de más los yankees. Debemos aprovechar también que la selección española de fútbol será recibida por su marido en el mes de Junio. Debemos aprovechar el tirón de José de Andrés. Y, por supuesto, debemos aprovechar nuestra sana, fácil, sabrosa y concreta cocina mediterránea -iba a escribir mallorquina, pero si lo hago no siguen ustedes leyendo-.
La Coca Mallorquina está llamada a desbancar a la pizza. Su origen es el mismo, la facilidad con la que se cocina también, su versatilidad es infinita, sus presentaciones interminables, la combinación de alimentos que soporta es abismal. Pero es sana. Quitándose el peso calórico del queso, el peperoni (chorizo) y la salsa de tomate, es un plato bajo en calorías y colesterol. Se puede comer en Central Park, en el metro, viendo a los Lakers y de menú en un colegio pijo de Beverly Hills preocupado con la alimentación de sus alumnos. La perfecta combinación de trigo, aceite de oliva, vegetales, algo de carne o pescado si se quiere y hierbas aromáticas es tan simple y sabrosa a la vez que ningún paladar, por muy viajado que esté, se resistirá a sus encantos. Si se dejan caer unas anchoas, aceitunas, trocitos de lomo adobado, atún o jamón serrano sobre ella combinará perfectamente hasta con un Dr. Pepper. La Coca de Pimientos Rojos, por ejemplo, con lomo de cerdo adobado, con ese punto de dulzor será irresistible para los paladares demasiado acostubrados a los azúcares en sus comidas.
Ya lo estoy viendo. Todos los americanos con sus bandejitas de cartón rectangulares, mordiendo una etérea Coca de Trampó aliñada con un chorrito de aceite virgen de Jaén, sentados en el parque, sobre el césped, hablando de los Lakers y discutiendo si la tortilla de patatas es mejor con o sin cebolla.
Luego vendrán los Cocarrois, las Empanadas, los Robiols,... todo muy manejable, muy transportable y muy sano. Pero eso ya sería otra historia.
¿Algún voluntario para tan magna tarea?


Gracias a SARA por su maravillosa foto.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...